domingo, marzo 04, 2007

Consideraciones personales acerca de la traición...

En el top ten de las palabras más detestadas y que más daño causan a las personas, casi de primera y como antesala al resto de la lista, se encuentra la traición. A simple vista, su uso parece reducirse a términos como amistad, amor, país e ideales, pero la mentada expresión va mucho más allá, llega hasta confines que sólo aquel que la practica puede explorar. Muchos pensarán que son inmunes a ella, puede que para unos cuantos sea impracticable en ámbitos que para otros es natural, pero la verdad es que todos, en algún punto de nuestra vida, hemos traicionado a alguien o, en el peor de los casos, a nosotros mismos.

Según el diccionario, traición es la falta de lealtad que se debe tener por algo o alguien que deposito su fe en nosotros... Partiendo de esto, la palabra en cuestión sólo parece englobar a los demás y excluirnos a nosotros mismos. ¿Esto es posible?, no lo creo.
La verdadera naturaleza corrosiva de la traición sólo puede ser percibida por aquel supuesto cobarde que por un instante es valiente (hablo de una valentía extraña, incomprensible para aquel que es incapaz de practicarla, algo parecido al suicidio), observa todo lo que ha defendido por tanto tiempo y decide, con pesar, darle la espalda para entregarse a un momento, una palabra o a una acción que destruye por completo lo anterior. Por ende, el verdadero traidor, al igual que un asesino, está condenado por siempre a vivir con una doble cruz: la suya (por haberse traicionado a si mismo) y la de la persona o ideal que destruyó. Es el acto de flagelación máximo por recibir la peor condena: el tormento eterno de los demonios internos.

¿Qué tan fácil es traicionarnos a nosotros mismos? ¿Es sencillo traicionar a los demás? Las preguntas, al igual que las respuesta, varían dependiendo del enfoque. Para muchos es inaceptable fallarle a una pareja, otros prefieren sacrificar primero a un amigo antes que a ellos mismos. ¿Quién define qué es fallar o no? ¿Hasta que punto una mentira blanca no nos hace traidores? ¿Es aquel que miente por el bien de un ser amado un traidor? No existe una respuesta universal para esto. El único y mejor juez para determinar qué es traición y qué no es nuestra conciencia.

Todo en la vida es efímero: la confianza, el amor y la amistad, tardan años en nacer y se destruyen en segundos. La traición, en cambio, posee esa extraña cualidad de dilatar el tiempo de sufrimiento, acortar el tiempo de reacción para actuar y una vez echada las cartas sólo queda en nuestras manos el seguir viviendo bajo su yugo o no. Al igual que un conjuro que para ser destruido debe ser recitado al revés, para acabar con ella se debe tener el mismo valor que se tuvo para ejecutarla: hay que tomarla entre nuestras manos, ver en ella nuestro reflejo y afrontar las consecuencias del engaño. Para eso se necesita valentía... Por eso, a veces, los mayores valientes son aquellos que por su propia voz conocemos como traidores, honor que muy pocos pueden aspirar con la frente en alto.

¿Sabes cuál es la verdadera naturaleza de la traición? Que es traidora, que traiciona incluso a aquel que traiciona, y no tiene confines, como la sombra sobre el paisaje, empiezas por traicionar un amor, o un leve cariño, quiero decir, una cosa de nada, un gato por ejemplo, y acabas por llegar a ti mismo, pero tú no sabías que acabarías por llegar a ti mismo, pues entonces no hubieras dado el primer paso, y en cambio ese paso precisamente, una cosita de nada, que tan insignificante te parecía, se ha convertido en una catástrofe, en un aluvión, la riada te arrastra, tú braceas, braceas, no se puede nadar en la riada... ¿Me comprendes?"
Tristano muere, Antonio Tabucchi

PD: Pido disculpas a los lectores asiduos de mi blog por repetir la cita, pero -para mis efectos personales- es la mejor que tengo para este tema.

miércoles, febrero 21, 2007

Elegir y sacrificar

Hay palabras que sirven de espejo para ellas mismas; su reflejo es un concepto completamente diferente al original pero que se mantiene unido a éste por un hilo muy fino. De esta forma, se pueden relacionar acepciones y sentimientos tan dispares como amor y odio, amigo y enemigo, trabajo y descanso. Entre estas palabras cargadas de doble connotación, se encuentra una muy frecuente cuya dualidad solemos pasar por alto, me refiero a la palabra elegir.

Recuerdo que una vez leí (en Soy pésimo para los títulos, un cuento de Mag) que elegir a una persona es asesinar automáticamente a otra. Frase ambigua que al explorar a fondo lleva a una conclusión más interesante. Viéndose fríamente, cada elección que hacemos en nuestra vida implica, como requisito sine qua non, el sacrificio de algo. Si elegimos ir a un sitio, inmediatamente, sacrificamos otros posibles destinos, al elegir una carrera sacrificamos cientos, si elegimos a una chica nos olvidamos de las demás, si elegimos vivir un momento con una persona sacrificamos un instante al lado de muchas y así va una lista infinita: desde la decisión más banal hasta la más metafísica exigen por igual la elección de una cosa y el sacrificio de otra.

El problema principal de una elección es cuando se transforma en un sacrificio real. El elegir para almorzar entre pasta o carne no implica el sacrificio de un alimento, sólo la postergación del mismo... pero, ¿qué sucede cuando lo que se debe elegir involucra la perdida de algo para siempre? Cuando toca elegir entre la vida de la madre o un hijo, entre huir del país o morir por él. Hay elecciones/sacrificios que sería mejor no hacer, pero la mayoría se imponen nuestra vida delante de nosotros, al igual que la muerte, como algo ineluctable.

La gente que me conoce sabe que tengo una obsesión malsana con el tiempo. No es que quiera ser como Peter Pan, pero crecer y descubrir que la gente muere, que los amigos pueden pasar, que el amor no es eterno, que la naturaleza humana no es tan loable como pensábamos y que el futuro es hoy, es algo que asusta a cualquiera. La carrera, el trabajo, nuestra pareja, la casa, el dinero: todo se abalanza sobre nosotros, como una suerte de trampas donde cualquier paso en falso pudiese destruirnos por completo. El pulso no debe fallar, el avance implacable del tiempo pone su hoz sobre nuestro cuello y exige una elección en temas que nos parecían tan lejanos hace unos años atrás que la inmediatez de los mismos nos hiela la sangre.

Hay que ser inteligentes para elegir, pero el sacrificar requiere mucho más que eso: se necesita ser valientes para ello. Es como enfrentarnos al lado más oscuro de nuestro corazón, tomarlo entre las manos, reconocer nuestro reflejo y elegir que hacer con él. Erradas o no, las elecciones nos pertenecen. Si nos equivocamos, nuestro único consuelo será el habernos caídos por nuestra cuenta y no haber sido víctimas de la elección -o el sacrificio- de alguien más. Da miedo pensar en ello... Mag sostiene que no hay posibles elecciones, sólo La elección que, con o sin nuestro consentimiento, ya existía. Por mi parte, pienso que no hay nada mejor en este mundo que mirar la ruleta de la vida andar y apostarle todo al número que creemos ganador.

"... Después de todo, sólo se conquista el azar intentando adivinarle."
Las plumas del cuervo, Steven Lawrence

viernes, febrero 09, 2007

Crónica de un cuarto vacío

La palabra mudanza siempre tuvo para mí matices de irrealidad; llevo 17 años viviendo en el mismo edificio y en un apartamento tan inalterable como el pasar del tiempo. El imaginar una vida diferente (sin la bodega de al frente, sin la panadería de la esquina y sin los vecinos con los cuales no hablo -pero que forman parte del edificio al igual que el ascensor o las escaleras-, el plantearme llegar a otro estacionamiento y saludar a un vigilante diferente), es como pintarme en un cuadro surrealista. Hoy, acabo de descubrir algunos sinónimos que ignoraba de la famosa palabrita inexistente para mí. Al experimentarla, terminó traduciéndose en una suerte paradoja: alegría y tristeza, pasado y futuro, melancolía y esperanza. Dualidad presente en los mejores y peores -valga la dualidad, una vez más- sentimientos humanos...

Es rarísimo vaciar lentamente un apartamento que ha estado lleno de cosas por tantos años. Parece impensable deshacerse de esa mesita inútil cuya presencia, ahora que no está, cobra una importancia vital para el libre funcionamiento de todo. De igual forma, el calor insoportable que reinaba, ahora es reemplazado por un frío, casi sepulcral, que hace imposible la convivencia con los pocos muebles que quedan. Cajas van y vienen: libros, juegos, películas, papeles, más libros y juguetes esperan en suspensión criogénica de cartón para iniciar su nueva vida. Los objetos inservibles y muebles desgastados nos miran, sollozando, implorando no ser regalados o sacrificados; todo en la casa parece querer reencarnar en el nuevo hogar.

Gradualmente se comienzan a desdibujar los contornos del antiguo hogar. La convivencia se hace insoportable con las paredes vacías y el eco que atormenta al maximizar y repetir cualquier ruido. Ya no hace falta caminar con cuidado entre los muebles y adornos; ahora, hay un espacio tan grande que se comienzan a extrañar a esa silla con la que siempre tropezábamos en la penumbra y que servía de guía para llegar hasta la cocina.

Obviando lo general (la sala sin muebles, el baño con repisas vacías o la cocina sin cocina), lo más duro de la mudanza es cuando se debe vaciar el cuarto. Lentamente, día a día, se van sacando aquellos objetos inanimados que, paradójicamente, le daban vida: la cama donde tanto se soñó, la silla que servía para leer, la biblioteca que guardaba cientos de historias leídas y por leer, la mesita de noche que servía de deposito para revistas y películas. Los recuerdos se pasean como nunca, felicidad, tristeza, vida, muerte, amigos, amores, familia, música, anécdotas, momentos inolvidables; el mudarse es el mejor ejercicio de memoria que puede existir... ¿Cuántas cosas pueden contener 4 simples paredes? Despedirme de ellas es como dejar atrás una vida entera, casi como volver a nacer.

Los cambios siempre son buenos y más cuando se trata de una mudanza. No todo es melancolía, el comenzar de cero -organizar el espacio en función al presente, comprar ese mueble que no cabía en ningún lado o guindar ese cuadro que por tanto tiempo se guardó -, tiene sus ventajas. Emoción, expectativa, proyecciones a corto plazo y una renovada vida por delante le esperan a los apartamentos. Sólo espero que el heredero de mis 17 años de recuerdos sepa sacarles provecho a estas paredes que por tanto tiempo fueron parte de mi vida. Por mi parte, tengo tantos planes para mi nuevo hogar que de sólo pensarlos una sonrisa borra los restos de nostalgia en mi rostro...

¡Nos leemos en mi nuevo hogar!


PD: no huyo del país, sólo me mudo a otro municipio =p.

miércoles, enero 31, 2007

Mudanza una vez más... ¡Regresando!

¡Hola a todos! No crean que me he perdido de nuevo y sin razón. Mi desaparición está plenamente justificada: organizaba mi mudanza a blogspot una vez más. Sí, luego de tantos rollos con WordPress, decidí regresar a mi antiguo domain, después de todo, ya estoy acostumbrado a postear acá y con esta cosa del beta el diseño del blog se simplifica muchísimo. Mi gran motivo para mudarme era el no poder clasificar mis post ni poder tenerlo todo ordenado por fechas; ahora, gracias a la tecnología de Blogger -valga la cuña-, por fin puedo tener toda la info como Dios manda.

Como podrán ver, he organizado todos mis posts por categorías y fecha, subí los que puse en el dominio anterior, arregle los links, medio actualice mi perfil y demás cosas que, aunque nadie note, me hacen feliz =p. Esto tomó bastante tiempo y entre la universidad, los cursos y demás cosas que no vienen al caso, la mudanza fue tan lenta como una compu con dial-up intentando ver un largometraje en youtube.com. Pronto estaré completamente de regreso, en 2 semanas salgo de la universidad y podrán leerme como debería ser -una vez por semana, como cualquier Magazine respetable. De momento, me despido con una cita decente que les devuelva el tiempo que gastaron en leerme y colocando mi fotico nueva para el perfil, ¡Saludos!

"Se ha dicho que el silencio es una fuerza; en otro sentido lo es, terrible, cuando está a disposiciónde aquellos que son amados. Acrece la ansiedad del que espera. Nada nos incita tanto a aproximarnos a un ser como lo que de él nos separa, y ¿qué muro más infranqueable que el silencio? Se ha dicho también que el silencio era un suplicio capaz de volver loco a quien estaba condenado a él en prisiones. Pero ¡qué suplicio, mayor aún, que el de guardar silencio, el de soportarlo de parte de aquel a quien se quiere!"
El mundo de Guermantes,
Marcel Proust

martes, enero 16, 2007

Sobre el camino...

¿Cómo puedo encontrar El camino?, es una pregunta que muchas veces nos asalta durante el transcurso de nuestra vida. La respuesta es difícil; aunque existen cientos de libros de autoayuda con leyes espirituales del éxito, metáforas baratas sobre monjes y ratones, ninguna guía es válida cuando se trata de algo tan complejo como el ser humano. Sí, puede que a muchas personas les funcione la autoayuda (por algo vende tanto), pero la esencia de la vida que tanto anhelamos poseer está fuera de cualquier texto.


Esto podría resumirse a las palabras que repetía un queridísimo amigo mío haciendo alusión al famoso (¿escritor?, creo que los que escriben en el género de la autoayuda, con mis respetos, necesitan otro gentilicio, sería una desgracia poner a Kafka o a Dostoievski en el mismo plano del inventor de ¿Quién se ha llevado mi queso?… ¿no?) Deepak Chopra. Mag, el compañero en cuestión, solía sentarse en una esquina de mi cuarto mientras hojeaba los libros de Chopra con una mueca sardónica, chasqueando la lengua con su paladar y agitando su cabeza de un lado a otro repitiendo: “Bond, la autoayuda peca de superflua y hippie; cualquiera con 4 dedos de frente sabe que es imposible decirle a un preso que es violado a diario: tranquilo amigo, perdónalos y déjalo fluir; sonríele a la vida“. Sintetizando las palabras de mi camarada, cualquier manual o guía de cómo vivir la vida o qué hacer con ella queda obsoleto: sólo podemos atenernos a la experiencia y en base a ella escribir y reescribir nuestro propio manual de cómo vivir.


No debemos olvidar que la verdad absoluta o el camino perfecto (ese que, en teoría, poseen Dios/Buda/Alá/Elvis y otras deidades) no éxiste. Podemos imitarlos, tomar sus enseñanzas, pero después de mucho andar por la vida, lo único que debe reinar en nosotros es nuestra verdad. Esa que obtenemos de nuestros errores y aciertos, esa que es independiente del que vayamos a la iglesia o nos atiborremos de pastillas como El Rey, esa que toma un poco de esto y de aquello, esa que definió Herman Hesse en Sidhartha, esa que única y exclusivamente nos pertenece. Para culminar, me despido con las sabias palabras de alguien que consiguió su camino y que, mejor que nadie, puede hablar al respecto: Marcel Proust.


No hay hombre –me dijo-, por sabio que sea, que en alguna época de su juventud no haya llevado una vida o no haya pronunciado palabras que no le gusta recordar y quisiera ver borradas. Pero en realidad no debe sentirlo del todo, porque no se puede estar seguir de haber llegado a la sabiduría, en la medida de lo posible, sin pasar por todas las encarnaciones ridículas u odiosas que la preceden. Ya sé que hay muchachos, hijos y nietos de hombres distinguidos, con preceptores que les enseñan nobleza de alma y elegancia moral de escuela. Quizá no tengan nada que tachar de su vida, acaso pudiesen publicar sobre su firma todo lo que han dicho en su existencia, pero son pobres almas, descendientes sin fuerza de gente doctrinaria, y de una sabiduría negativa y estéril. La sabiduría no se transmite, es menester que la descubra uno mismo después de un recorrido que nadie puede hacer en nuestro lugar, y que no nos puede evitar nadie porque la sabiduría es una manera de ver las cosas. Las vidas que usted admira, esas actitudes que le parecen nobles, no las arreglaron el padre de familia o el perceptor: comenzaron de muy distinto modo, sufrieron la influencia de lo que tenían alrededor, bueno o frívolo. Representan un combate y una victoria. Comprendo que ya no reconozcamos la imagen de lo que fuimos en un primer período de nuestra vida y que nos sea desagradable. Pero no hay que renegar de ella, porque es un testimonio de que hemos vivido de verdad con arreglo de las leyes de la vida y del espíritu y que de los elementos comunes de la vida, de la vida de los estudios de pintor, si de un pintor se trata, hemos sacado alguna cosa superior
Marcel Proust, A la sombra de las muchachas en flor

sábado, enero 06, 2007

12 cosas que no pueden faltar en un Fin de Año

¡Feliz año! Sí, un poco atrasado, pero nunca es tarde para desear cosas buenas =p… Aunque ya ha pasado algo de tiempo desde que cambiamos el 6 por el 7, de seguro todos ustedes deben estar hartos de las cadenas -muy bonitas, pero un poco huecas- sobre “paz, amor, bendiciones y salud”… Tranquilos, no voy a agobiarlos con oraciones prediseñadas ni frases lisonjeras; me limito a desearles, de corazón, lo mejor y que el 2007 sea más alegre que su antecesor.


Puede que esté siendo diacrónico, pero no podía dejar escapar el magno evento de El Fin de Año sin escribir ni una línea al respecto. Tardé unos días, es cierto, pero la musa salvó al blog del olvido -como siempre jeje- y se me ocurrió hacer una de mis famosas Listas sobre este acontecimiento. Como todos sabemos, después del Miss Venezuela, El Mundial, Globovisión, La Vinotinto y El Béisbol, el 31 de diciembre es uno de los actos más emblemáticos que une a la familia y amigos venezolanos. Al igual que cualquier celebración, esta fecha tiene ciertas características, casi milenarias, que se repiten de generación en generación… a continuación, una breve disección de ellas:


12 cosas que no pueden faltar en un Fin de Año:


1) La circulación de las famosas cadenas -algunas desde el 30 de diciembre- vía mail o mensajería de texto. Frases cuya redacción delatan el plagio del remitente y que nunca se sabe de dónde salen ni quién las escribe.


2) Todos en casa -sea un apartamento de 60 metros o una mansión- se visten de gala con los famosos estrenos (ropa nueva que debe usarse por primera vez, no importa que tan lujosa sea, en la celebración del fin de año).


3) Aunque el eterno soundtrack que debe reinar en el evento debe ser un cd gaitas o aguinaldos, nunca debe faltar algún recopilatorio de La Billo’s que, dicho sea de paso, ha sonado toda la vida en cada 31 o 24 de diciembre (CD que contenga éxitos como: “Año nuevo, vida nueva“, “Piano merengue” y “La marina tiene un barco, la aviación tiene un avión: Vamo’ a ver los cadetes que hoy están de graduación“).


4) La cena de fin de año debe tener: hayacas, bollitos, pernil, pan de jamón -que será desbaratado por algún familiar que no gusta de las pasas y/o aceitunas. Alimentos que serán acompañados con bebidas como: champaña, sidra, vino, cerveza, whisky o cualquier clase de sustancia alcohólica que haga que la gente empiece el año entonado.


5) Los comensales, sean 3 pelagatos o 10 generaciones completas, deben brindar en copas (así sea Pepsi su contenido).


6) Durante la cena siempre se repiten las mismas anécdotas familiares que todos conocen (cuando Pepito se rascó, la vez que María se hizo pipi en su bautizo, aquella vez que el tío José explotó un Kiosko con un cohetón, entre otros).


7) Dependiendo de la extensión de la familia todos deben sentarse a la mesa o comer en sus adyacencias (cocina, sillas, muebles, piso, entre otros).


8) Sea grande o pequeña la familiar que se reúne, nunca pueden faltar:

a. El tío que se rasca.

b. La tía que llora de nostalgia (o de la curda, al igual que el tío anterior).

c. El primito que corre por la casa.

d. El hijo que trae un “pana” o a la novia coleados.

e. El hermano mayor que se va de rumba o “Pa’ plaza Altamira” y pasa toda la cena molesto por tener que “calarse a esa cuerda e’ viejos“.

f. El cuñao jodedor que se gastó 2 millones en fuegos artificiales y que los lanza junto con los menores de edad -a pesar del poco consentimiento de los padres de la criatura en dicha acción.

g. El abuelito que se duerme justo al marcar las 12.


9) Faltando 2 o 3 minutos para la medianoche, sintonizar alguna emisora de radio donde se escuchen las famosas 12 campanadas (o, lo más sofisticados, ven alguna fiesta de fin de año, pregrabada, del canal de su preferencia).


10) Dependiendo de la formación y tradiciones familiares, al llegar el Nuevo Año comienza una especie de gincana donde cada miembro de la familia hace un ritual diferente. Entre ellos se destacan:

a. Ponerse ropa interior amarilla (que las mujeres asumen como hilo y los hombres como tanguita) para tener buena suerte durante el año.

b. La madre que rompe media casa llena de adornos sacando la maleta y corriendo de un lado a otro fuera del apartamento, como si estuviese poseída, gritando: “me voy pa’ Mayami! Pa’ Europa!“.

c. Las carteras o dólares debajo del sobaco para atraer el dinero.

d. La tía solterona paseando algún Ken -tomado a la fuerza de aquella niñita que se trajo sus Barbies- para conseguir novio el año entrante.

e. Y por último, la mayor actividad de riesgo en un fin de año: las 12 uvas. Tradición que hasta ahora no ha cobrado vidas en ningún hogar venezolano, pero más de un susto al ver a algún familiar atragantado engullendo 1 uva por segundo.


11) Después de la 1am, lentamente, la calma vuelve a la reunión: parte de los familiares se van, los primitos se quedan dormidos, los hombres -que sin importar su parentesco, ahora se llaman entre ellos compadres- se reúnen a tomar whisky y hablar mal del gobierno, las mujeres -entonadas- se terminan las botellas de sidra/champaña/vino o abren una de Ponce Crema para echar cuentos o destrozar el vestido infame de tal comadre o como fulanita le pega los cachos a menganito, los jóvenes se van de rumba y los más pequeños, al no obtener la visa para huir, se quedan frustrados viendo televisión o jugando Nintendo.


12) Por último, para cerrar con broche de oro, nunca falta el tío borracho que llega a las 2am y que estaba con la otra parte de la familia (si, esa que compite con la de este relato haciendo su fiesta de fin de año paralela) sobando a todo el mundo y ubicándose con los demás hombres, eso si, haciendo más ruido que todos ellos juntos.

domingo, diciembre 24, 2006

Recibir y dar: las 2 etapas de la navidad

Escribir sobre la navidad, estando en ella, es un poco difícil gracias a la amplia gama de mensajes que rondan por internet en esta época del año: saludos, mejores deseos, reflexiones sobre la fé, ataques al consumismo, aversión hacia las gaitas, traumas infantiles -”Santa nunca me trajo ese triciclo que tanto quería“- y demás. Por mi lado, no vengo a relatarles alguna experiencia particular en estas fiestas decembrinas, al contrario, quisiera compartir con ustedes un síndrome que me ha estado atacando desde la navidad pasada y que parece no separarse de mí en esta fecha actual.


Cuando era pequeño la navidad era la mejor época del año. Esto se debe a la gran cantidad de regalos que recibía del niño Jesús, de mis tíos, primas, abuelos y otros familiares. El tiempo fue avanzando y mis epístolas a Santa se resumieron en sencillas peticiones a mi familia; la ropa, juguetes, videojuegos y chocolates terminaron transformándose en tarjetas con dinero o cheques. Lentamente diciembre dejó de ser emocionante en cuanto a regalos y empezó a mutar en una especie de etapa de bonanza económica para mí… Pero no todo es el cochino dinero y el materialismo, de grande aprendí que esas visitas fastidiosas a primos lejanos y tías solteronas tienen su razón de ser. Entendí que en la navidad las familias se unen, comparten y que, muchísimas veces, sino fuese por esta mentada fecha, probablemente, solo viéramos a nuestros familiares lejanos en alguna boda, bautizo o funeral.


Más allá de haber aprendido a valorar la importancia espiritual o metafísica de esta época, lo que me parece curioso es el como cambian las prioridades para uno… Como dije antes, diciembre era sinónimo de recibir regalos; paradójicamente, desde un par de años para acá, la navidad se ha transformado para mi en una época para dar. Y no es que sea la Madre Teresa de Calcuta, tampoco es que tenga mucho dinero para estar repartiendo regalos a todo el mundo, pero últimamente lo que más me emociona es poder regalarle a la gente que quiero cosas que, aunque no han pedido, sé que les gustaran. Ver la cara de satisfacción de una amiga al comprarle el cd que quería o la de mi madre por un sweater que le gustaba, es algo que muchas veces me llena más que recibir ese libro que yo tanto ansiaba o el juego que moría por jugar. No creo que sea una crisis de la edad, pero apuesto que si es una estado de la “adultez” el esperar la navidad para regalar y no con las metas, un poco infantiles -y sólo por eso no egoístas- de recibir.


Sin ánimos de encadenarme, espero que en estas navidades todos hagan y reciban muchos regalos, que la pasen en familia y, sobre todas las cosas, que recuerden que el valor de esta fecha (sea uno ateo/agnóstico/comunista/whatever) es la unión. Sea comercial o no, sea una mentira o no, cualquier pretexto que sirva para unir un poquito más a la humanidad y hacernos sonreír vale la pena… por eso les deseo a todos una Feliz Navidad n_n-v.


PD: Y gracias a todos los que asistieron al renacimiento de mi blog jeje, ¡Arigato por el apoyo moral!

lunes, diciembre 18, 2006

Despertando, una vez más

“… y si bien es cierto que algunos narcóticos hacen dormir, el mucho dormir es un narcótico más potente, y luego cuesta mucho trabajo despertarse”, escribió Marcel Proust a principios del siglo XX en el segundo tomo de En busca del tiempo perdido. Hoy, casi un siglo después, me valgo de su analogía sobre el sueño para aplicarla a la escritura. Hace unos cuantos meses atrás abandoné mi blog y todos los intentos por volver a escribir en él han sido en vano. No crean que he olvidado este espacio: casi a diario un destello de lucidez me obligaba a regresar, pero ninguna luz era lo suficientemente potente como para justificar mi ausencia y entrar por la puerta grande. Hoy tampoco ocurrió el milagro; al igual que en todas mis noches sigo acá, sentado frente a mi computadora, intentando sacar de mí algo que sea digno de leer. Lo que hace diferente a esta madrugada es una sola cosa: mi voluntad de teclear y de obligarme a retomar el viejo hábito que nunca debí abandonar.


Gracias a Proust estoy aquí, una vez más, despertando de ese largo sueño en el que me sumergí en julio cuando abandoné el blog. ¿Será que todavía me recuerdan?… de ser un “no” la respuesta, tendré que ganármelos de nuevo. De momento no tengo nada importante que anunciarles, el titular de esta noche ya está desactualizado: El pasado 28 de noviembre el blog cumplió de manera no oficial 2 años. Digo no oficial por resumirse la vida de este espacio en un par de meses de inspiración que son sepultados por muchos de abulia. Sí, no soy constante, pero prefiero mi vaivén que el olvido; por esos pequeños meses de iluminación es que sigo acá, tecleando una vez más, por mí, por ustedes y por toda la gente que se ha gastado unos minutos a la semana en leer las 2 o 3 tonterías que escribo. Me despido con la certeza de volver en unos días a luchar contra mis demonios y retomar el ritmo perdido.


El instinto dicta el deber y la inteligencia da pretexto para eludirlo”
Marcel Proust


PD: Gracias por ese comentario tardío Protheus, fueron tus palabras las que le devolvieron (con efecto retardado, claro está) la vida a este espacio… y gracias a Gilberto por recordarme que tengo que desempolvar el blog =p.

lunes, julio 17, 2006

Reflexión de la semana: 17/7/06

¡Hola a todos! Como pueden ver, el sitio está súper crudo. Tanto retraso es por motivos ajenos a mi voluntad; si tuviese todo el tiempo del mundo -y los conocimientos necesarios en html y demás- hace rato hubiese arreglado la página: lastimosamente, la realidad es otra. Fred, es la persona que me ayuda con el diseño y como los dos estamos ocupados en mil cosas (él con trabajo y yo terminando la universidad), pues no hemos podido dedicarnos al nuevo domain. Sólo espero que disculpen la pésima fachada y disfruten la Reflexión de la semana. Ojala y la próxima vez que me lean ya tenga esto mucho mejor. ¡Saludos!

“Y comprendía, ahora, que el hombre nunca sabe para quién padece y espera. Padece y espera y trabaja para gentes que nunca conocerá, y que a su vez padecerán y esperarán y trabajarán para otros que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. Es imponerse Tareas. En el Reino de los Cielos no hay grandeza que conquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por ello, agobiado de penas y tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre sólo puede hallar su grandeza, su máxima medida en el Reino de este Mundo”.

El reino de este mundo, Alejo Carpentier

domingo, julio 09, 2006

¡Me mudo!

¡Hola a todos! Como cosa rara, volví a perderme del mapa. Por azares del destino pasé toda la semana planeando un viaje y el viernes en la mañana me embarqué en él. Apenas ando llegando y quería comunicarles las nuevas noticias: ¡me mudo! No cambio de apartamento ni me voy del país, me mudo a un dominio propio:

http://www.luisbond.com

De momento no he actualizado nada (salvo pasar los archivos antiguos), pero en estos días publicaré Lo mejor del mes así que espero verlos por allá. Actualicen sus links, avísenle a sus amigos y hagan propaganda =p.

PD: Sé que no viene al caso, sin embargo, necesito decirles que compré una computadora nueva y es Mac. Es la primera vez que las uso así que estoy un poco perdido y quería saber si alguno de ustedes tiene una (o está familiarizado con ellas) para que me oriente =(