viernes, abril 01, 2005
El significado de la vida
"La vida no está en orden alfabético como creéis vosotros. Se muestra... un poco aquí y un poco allí, como mejor le parece, son migajas, el problema es recogerlas después, es un montoncito de arena, ¿y cuál es el granito que sostiene al otro? A veces, ese que está en la punta y que parece sostenido por todo el montoncito es presisamente el que mantiende unidos a todos lo demás, porque ese granito no obedece las leyes de la física, quitas el granito que creías que no sostenía nada y todo se derrumba, la arena se desliza, se aplana, y no te queda más remedio que hacer garabatos con el dedo, idas y venidas, senderos que no llevan a ninguna parte, y dale que te pego, estás allí trazando idas y venidas, pero donde estará ese bendito grano de arena que lo mantenía todo unido... y luego, un día, el dedo se detiene por sí mismo, ya está harto de hacer garabatos, en la arena hay un trazado extraño, un dibujo sin lógica y sin orden, y te entra una sospecha, que el sentido de todo aquello eran los garabatos"
Tristano muere, Antonio Tabucchi
sábado, marzo 26, 2005
Cuando se quiere llorar...
El peor dolor que puede llegar a sentir un ser humano es aquel que va más allá del cuerpo físico. Es ése que toca, mejor dicho, destroza el corazón. Un dolor agudo, inevitable, uno que nos carcome el alma y nos paraliza. Llega un punto en el cual el sufrimiento nos ahoga, sentimos ansiedad, una terrible presión en el pecho, los latidos del corazón se aceleran: algo necesita salir a flote. ¿Qué pasa cuando ese algo no puede salir? Cuando nos duele tanto el alma que no podemos, por más que queramos, llorar o gritar. No existe algo peor, algo que desespere más que no poder desahogarse con el llanto.
Sólo la impotencia de no poder llorar se equipara con este sufrimiento. Y así, entre una lanza que destroza el corazón y la imposibilidad de llorar, o mostrar algún gesto de dolor, nos hundimos. Nos perdemos en una extraña sensación que, paradójicamente, nos impide sentir algo. Se nos es negada experimentar esa catarsis natural, ese “escape” que posee el ser humano. Es como si algo dentro de nosotros se pudriera, algo que nos mata lentamente y que nada de lo que hagamos puede salvarnos o acelerar dicho proceso. Es terrible no poder hacer nada… más doloroso aún, estar condenado a escupir estas líneas sin sentido que, al igual que todo, el tiempo se tragará…
lunes, marzo 21, 2005
La realidad: ¿Verdad o mentira?
Todos los seres humanos -querámoslo o no- hemos mentido en algún punto de nuestra vida. Ya sea diciendo alguna mentira "blanca" -como solían llamarse las mentirillas que uno decía en la infancia- o creando una enorme ficción que termina apoderándose de nuestra realidad; de forma premeditada o por accidentes, siempre tendemos a "omitir" la, dicho sea de paso, mal llamada verdad. El gremio de personas denominadas como "moralistas" ven el mentir como algo abominable. Otros -catalogados por el gremio anterior como "cínicos"-, ven la mentira como algo natural y casi cotidiano al igual que ir al baño, comer, hablar por teléfono, entre otras cosas.
Lo cierto es que, viéndolo desde cualquier punto de vista, la mentira es algo malo según todos. En
Los sentimientos, al igual que los seres humanos, son cambiantes. Un "te amo" que se pronuncia hoy no es remotamente similar al que se dice una semana después; el cariño inmenso que se le puede tener a un amigo, siempre, en algún punto, pasa por el odio y hasta la repulsión; allí está el problema, en esa manía enfermiza de los humanos por el absoluto. Las palabras, al igual que los números o cualquier otro invento, son absolutas; por eso, la mayoría de las veces, mentimos al usar términos absolutos para sentimientos que definitivamente no lo son. Nos hemos acostumbrado -mejor dicho, condicionado-, a vivir del absoluto, todo o nada, realidad o ficción.
¿Hasta que punto se puede ser sincero con alguien y, todavía más importante, con nuestro corazón? ¿Será posible amar a una persona sólo por un día, un instante o un beso? Son respuestas que nadie sabe pero que todos podríamos "sentir". Hay que dejar de mentirnos al pensar que todo es absoluto. El amor es puro y verdadero, pero, al igual que todos, cambia constantemente; pasa por momentos sublimes, carnales, triviales y hasta puede convertirse -así sea por segundos- en un terrible rechazo por el ser amado. Lo importante, al igual que todo en la vida, es no tener miedo a sentir. Sólo cuando sentimos experimentamos nuestra verdad. Cuando nuestro corazón palpita a mil por segundo, sentimos las llamadas "mariposas" y nos ponemos rojos es cuando ocurre, así sea por un instante, un "te amo" verdadero y absoluto. Puede que una palabra no contenga todo lo que uno sienta por una persona; pero un beso, una caricia o una mirada bastaran para ser realmente sinceros y plasmar la única verdad que existe: la del corazón.
"Porque todo cambia a casa instante que pasa, y lo que éramos hace un momento no lo somos más. ¿Somos, acaso, siempre la misma persona? ¿Tenemos, acaso, siempre los mismos sentimientos? Se puede querer a alguien y de pronto desestimarlo y hasta detestarlo. Y si cuando lo desestimamos cometemos el error de decírselo, eso es una verdad, pero una verdad momentánea, que no será más verdad dentro de una hora o al otro día, o en otras circunstancias. Y en cambio al ser a quien se la decimos creerá que ésa es la verdad, la verdad para siempre y desde siempre. Y se hundirá en la desesperación"
Sobre héroes y tumbas, Ernesto Sabato
sábado, marzo 19, 2005
Vivir... ¿Obligación o derecho?
El mes pasado, gracias a mi querida prima Alejandra, pude ver "Mar adentro" el último film de Alejandro Amenábar. La película trata el controversial tema de la eutanasia a través de la historia de Ramón Sampedro, un marinero que, después de darle la vuelta al mundo, quedó tetrapléjico en un accidente. Sampedro fue el primer gallego en pedir públicamente una "muerte asistida" y luchó hasta su último aliento de vida por ello. Haciendo a un lado la excelente fotografía, la impecable dirección y la conmovedora banda sonora del largometraje; vale la pena ir a verla por la forma en que se aborda el tema de la vida y la muerte.
¿Hasta qué punto vale la pena vivir? Para muchos moralistas y optimistas "siempre hay que luchar por la vida" pero... ¿Qué clase de vida puede tener una persona conectada a decenas de aparatos y que nunca volverá a moverse? Y qué pasaría si esa persona fuese un famoso deportista que dedicó su vida entera a jugar; un ser humano que descubrió ese sentimiento de estar realmente vivo detrás de una pelota en un campo de fútbol. ¿No sería quitarle la vida el dejarlo "vivo"? Muchos sostienen que el suicidio es para cobardes, que es una solución temporal para un problema permanente, pero si una persona pierde por completo el sentido de su vida ¿Es justo obligarlo a vivir?
Ningún familiar, iglesia, país o ley en este mundo debería obligar a alguien a vivir, sobre todo ignorando el significado de la vida para esa persona. Desde que nacemos, lo primero que obtenemos es aquello que en la biblia llaman "libre albedrío". Esta especie de "propiedad" sobre nuestra vida es lo único que siempre se tiene y es absurdo que se nos quite cuando queramos ejercer el "derecho" de hacer con nuestra vida lo que sea. Es egoísta que muchas familias prefieran ver a un ser querido encerrado en un cuerpo incapaz de moverse o expresarse, conectado a decenas de aparatos, sólo por el hecho de "tenerlo allí". Es injusto que no se acepte la eutanasia en muchos países; todavía más inaudito que se le niegue una muerte digna a un tetrapléjico y que este tenga que disponer de su vida a oscuras, como si fuese un criminal.
Cuando nacemos, nadie nos pregunta si queremos venir aquí. Prácticamente somos arrastrados a este mundo lleno de dolor y sufrimiento sin nuestro consentimiento. Es absurdo que, cuando queramos salir de este caos, se nos pongan cientos de trabas y cuestionamientos sin sentido. Después de todo, ¿qué crimen es más abominable?: obligar a alguien a vivir una vida sin sentido o el concederle una muerte con dignidad.
jueves, febrero 10, 2005
El fin del mundo
Sin darnos cuenta, nos hemos acostumbrado a actos cada vez más terribles. Vemos a diario decenas de titulares sobre asesinatos, secuestros, guerras, atentados, pestes, desastres naturales y, al parecer, ya nada nos asombra. "Un padre viola a su pequeña hija y la mata", "Unos criminales decapitan a un señor después de robarlo", "Un camión explotó matando a cientos de personas"; son eventos nefastos que se han transformado en nuestro día a día. La televisión, los crímenes, las películas o quién sabe qué nos han insensibilizado. Nos hemos acostumbrado a vivir en guerra, a escuchar a diario miles de bajas y a seguir adelante... como si nada sucediera. Tal vez la indiferencia sea una de las tantas culpables de la decadencia de los seres humanos, aunque, en mi modesta opinión, la verdadera culpable sea la actitud de la gente.
Esa actitud de "nada me importa", el egoísmo acentuado y una especie de repulsión hacia el prójimo han minado los cimientos de la raza humana. Los únicos culpables somos nosotros mismos. Todos hemos permitido, de alguna forma, el haber llegado hasta este punto. Lo hemos aceptado con nuestro silencio frente a las atrocidades que se cometen a diario, con el egoísmo de sólo pensar en nuestros asuntos, pisando o dejando a un lado a los demás. En un mundo, donde nos acondicionan para ser cada día más fríos, más competitivos e insensibles, las cosas no podrían ir peor si nadie toma conciencia.
Cada día algo nos golpea más duro: tormentas por un lado, guerras por el otro, atentados por doquier, asesinatos brutales en cualquier sitio. Todo se vuelve al final un grito, un llamado para que nos demos cuenta. El ser humano no puede seguir viviendo así, no puede acostumbrarse a temer del prójimo, a vivir con miedo del hombre y de la naturaleza. Si bien nadie puede detener un huracán, un atentado o algún desastre, también es cierto que algo se puede y se debe hacer al respecto. No me refiero a sentir lastima. Tampoco a donar una ínfima suma de dinero para los "afectados". Me refiero a hacer algo realmente útil: educar. Comenzando por nosotros mismos, siguiendo por nuestros conocidos y familiares. Abrir los ojos y ver la realidad. Darnos cuenta que éste caos está en nuestras manos. Está en nosotros detenerlo.
El poder está en manos de pocos, es cierto, pero no olvidemos que esos pocos lo tienen gracias a nosotros. No olvidemos que los verdaderos cambios vienen de adentro. Que la familia es la célula de la sociedad y que la persona más pequeña puede cambiar el curso del universo. No se queden con las manos cruzadas, hagan algo. El mundo nos pertenece a cada uno de nosotros y si nosotros no lo salvamos, nadie lo hará.
sábado, febrero 05, 2005
¿Qué tan fácil es perderse?
La inspiración, nuestra musa que va y viene sin que nadie la detenga, aunque a veces lo parezca, no siempre dicta el avance de nuestro trabajo. Jorge Luis Borges -uno de mis escritores favoritos- dijo que cuando se escribe sólo se necesita un 1% de inspiración y un 99% de técnica. Una frase inversamente proporcional a mi trabajo actual pero muy cierta. No siempre se necesita una "iluminación divina" para escribir -diseñar, trabajar, o lo que se haga-, muchas veces sólo se necesita sentarse en la mesa e "intentar" trabajar. Puede que suene a "forzar" las ideas, pero muchas veces la inspiración esta allí esperando que vayamos por ella.
El maestro Kafka, una vez dijo: "El camino verdadero pasa por una cuerda, que no esta extendida en lo alto sino sobre el suelo. Parece preparada más para hacer tropezar que para que se siga su rumbo". Uno de los pensamientos más acertados sobre la vida que he leído. Así se tengan muchas puertas abiertas, una vida perfecta y un camino lleno de éxitos, siempre habrá algo que nos quiera alejar del mismo. Esa fuerza que nos aleja del camino siempre será nuestro enemigo número uno para todo. ¿Cómo se combate? Tan fácil como ocupándose. Pasando horas frente una mesa buscando alguna idea, dando una vuelta para despejarse, haciendo cualquier cosa menos rendirse. Las ganas, la inspiración están allí, esperando ser descubiertas; está en nosotros el tener el valor y la voluntad de conseguirlas. Después de todo, el enemigo por excelencia del hombre es él mismo. La pelea más difícil es la que uno libra consigo mismo, una lucha necesaria si se quiere avanzar y que sólo unos pocos valientes logran ganar.
miércoles, enero 26, 2005
Un momento contra los recuerdos...
¿Qué tan importantes son los recuerdos de una persona? ¿Vale la pena recordar cada instante de la vida? Si bien es cierto que a veces sólo queremos olvidar el pasado, ¿cómo sería vivir sin él? Éstas y muchas otras preguntas han estado rondando mi cabeza desde que vi Memento. La memoria siempre es inexacta y -querrámoslo o no- tiende a borrar y cambiar muchas cosas. Más de una vez se confunde un recuerdo con otro, a veces ni se puede recordar algún hecho en especial, lo único cierto es que sólo lo que se quiere recordar, es lo que se queda en la memoria. Y aún así, queriendo recordar un hecho en especial con claridad, siempre con el paso del tiempo -aquel verdugo que todo lo destruye-, algo se va distorcionando en él.
Si no se tuviera pasado y sólo existiera el presente, ¿valdría la pena inventarse un pasado mejor sólo para ser féliz? Aunque parezca mentira, sin padecer de ninguna enfermedad, muchas veces el ser humano hace esto. En ocasiones la gente recuerda sólo lo que quiere, creando su propia verdad. ¿Es bueno o malo? Total, si el pasado ya no existe ¿qué más da cambiarlo? Yo concuerdo con la película en que "todos necesitamos recuerdos para recordar quienes somos". El alterar el pasado sería como mentirse uno mismo. El pasado nos marca, y aunque hoy sólo sea un montón de recuerdos, éste fue alguna vez nuestro presente, el renegar del él sería como renegar de nosotros mismos. Aunque a veces se actué sin pensar y se condenen muchas decisiones tomadas, sin el pasado estaríamos condenados a repetir dichas acciones una y otra vez.
¿Hasta qué punto es valido permitirse olvidar algo que sucedió? En mi opinión, nunca se debe olvidar nada. Cada hecho, por doloroso o insignificante que sea, tiene infinitas repercuciones en la vida. Si se escribe y al mismo tiempo se borra nada tendría sentido; no se puede vivir atado a los recuerdos, pero tampoco se puede vivir sin ellos. La memoria es como un diario, sirve para escribirlo todos los días y hojearlo cuando es necesario, cuando se pierde el rumbo y se necesita recordar quienes somos. El presente, ese pequeño espacio que nos corresponde, a cada instante se convierte en un recuerdo. Así el pasado nos condene, nunca olvidemos que el aquí y ahora, este instante llamado presente, será el que tenga la última palabra. No hay que vivir en función al pasado, tampoco hay que olvidar quienes somos, sólo hay que estar concientes de todo lo que hacemos, ésta es la única manera de poder crear un futuro mejor. Un futuro que algún día se convertirá en un hermoso instante que pasará a formar un dulce recuerdo.
domingo, enero 23, 2005
Los sueños...
Lo malo de soñar es el tener que cerrar los ojos, esto no nos hace ver el enorme abismo entre el sueño y la realidad. Un abismo que a veces nos sorprende mientras caminamos a ciegas siguiendo nuestro corazón; un agujero negro que sólo abriendo los ojos se puede saltar. Cuando se superan los obstaculos y se alcanza esa meta deseada, se saborea por un momento el elixir que nos hace luchar y nos da la vida. El delicioso sabor de un sueño logrado, un sabor que al igual que una foto perdura en el tiempo.
Como el amor, los sueños son un arma de doble filo: el comienzo de algo hermoso o de la perdición. Son como las opciones que da el embarcarse en búsqueda de un tesoro: se puede morir en el intento, se puede intentar en vano o se puede dar con el tesoro ¿Cúal es la opción correcta? Aquella que te hace decir "valió la pena el esfuerzo". La satisfacción muchas veces no está en el producto final, sino en el trayecto andado. Da igual si se muere, se vive o se logra un sueño, lo que importa es tener el valor de soñar.
Es muy fácil caerse, difícil es levantarse. Es muy fácil soñar una vez, difícil es hacerlo siempre.
domingo, enero 16, 2005
Las miles de líneas de un pequeño poema...
Durante toda mi carrera he tenido que trabajar con poemas de Andrés Eloy. En una ocasión tuve que recitar "La renuncia" -mi poema favorito de él- y justo ahora mi trabajo final de semiótica es sobre el "Palabreo de la loca Luz Caraballo". Dicho trabajo final me ha obligado a desmenuzar el poema y llegar a su esencia, encontrándome con un trasfondo que jamás imagine. En algunas ocasiones, 4 estrofas de un pequeño poema transmiten más emoción que cientos de páginas de una novela. Esa cualidad de poder expresar tanto en tan pocas líneas es uno de los misterios que más me atrae de la poesía.
La poesía -al igual que las canciones, las películas y hasta las novelas- te obliga a ver que hay más allá de un conjunto de palabras. Sólo cuando se lee un fragmento con la mente y con el corazón es que se llega a su esencia. Esta máxima no debería limitarse sólo a la poesía, debería ser una regla universal. Muchas veces, si las personas captaran la naturaleza de una mirada, una caricia, un abrazo o unas simples paralabras podrían sentir y entender mucho mejor las cosas. Aunque no siempre es lo mejor, el ser profundo e ir más allá de cada acción y cada palabra es lo que le da sabor a la vida. Me despido con mi poema favorito de Andrés Eloy Blanco, espero que lo disfruten y pongan en practica el consejo que les ofreció este humilde servidor.
"La renuncia"
He renunciado a ti. No era posible
fueron vapores de la fantasía;
son ficciones que a veces dan a lo inaccesible
una proximidad de lejanía.
Yo me quedé mirando como el río se iba
poniendo encinta de la estrella...
hundí mis manos locas hacia ella
y supe que la estrella estaba arriba...
He renunciado a ti, serenamente,
como renuncia a Dios el delincuente;
he renunciado a ti como el mendigo
que no se deja ver del viejo amigo;
como el que ve partir grandes navíos
con rumbo hacia imposibles y ansiados continentes;
como el perro que apaga sus amorosos bríos
cuando hay un perro grande que le enseña los dientes;
como el marino que renuncia al puerto
y el buque errante que renuncia al faro
y como el ciego junto al libro abierto
y el niño pobre ante el juguete caro.
He renunciado a ti, como renuncia
el loco a la palabra que su boca pronuncia;
como esos granujillas otoñales
con los ojos estáticos y las manos vacías,
que empañan su renuncia, soplando los cristales
en los escaparates de las confiterías...
He renunciado a ti, y a cada instante
renunciamos un poco de lo que antes quisimos
y al final, ¡cuántas veces el anhelo menguante
pide un pedazo de lo que antes fuimos!
Yo voy hacia mi propio nivel. Ya estoy tranquilo
Cuando renuncie a todo, seré mi propio dueño;
desbaratando encajes regresaré hasta el hilo.
La renuncia es el viaje de regreso del sueño...
miércoles, enero 12, 2005
Vacaciones: ¿Buenas o malas para el trabajo?
Ahora que empecé la universidad como Dios manda -con 2 semanas seguidas llenas de examenes y exposiciones- me doy cuenta de esa necesidad de tener tiempo libre. Todo el mundo hace muchas cosas productivas en vacaciones, otros no, lo cierto es que siempre que se sale de vacaciones uno se arrepiente de no haber hecho cosas que ahora no puede hacer por falta de tiempo. Éste es el caso de su servidor. Si bien es cierto que en estas vacaciones empecé con muchos proyectos, también es verdad que desaproveché -en ocasiones en proporciones realmente obscenas- el tiempo que tuve en mis manos. Ahora que tengo la soga en el cuello, lleno de tantas responsabilidades en la universidad me doy cuenta de lo tonto que fui en mis vacaciones. Después del arrepentimiento, lo único que queda es adaptarse al sistema.
Aunque sea irónico, ahora que lo pienso, cuando se está en clases se hacen -a veces- más cosas que en vacaciones. Al menos mi caso es ese, ya que en la mayoría de las situaciones sólo funciono bajo presión. Cuando se analiza a profundidad, el flujo del tiempo en clases y vacaciones se rige por estas máximas:
1) Un día de vacaciones equilvale a una semana de clases.
2) En vacaciones se tiene la energía al máximo, pero solo se aprovecha un cuarto de ella. En la universidad, solo te queda un cuarto de energía que se aprovecha al máximo.
3) La velocidad e impulso de hacer cosas en las vacaciones es nulo. En la universidad el estado por default del cuerpo es trabajar.
4) Durante las vacaciones la flojera no te deja pararte de la cama. En clases no puedes acostarte en ella.
Por estos puntos y muchos más -que por razones de tiempo no expondré- me doy cuenta que, después de todo, comenzar las clases no está tan mal, digamos que era el “empujoncito” que me hacía falta para recobrar el ritmo de trabajo.