viernes, junio 24, 2005

¡Feliz cumpleaños maestro!

El día de hoy, como muchos otros, me encontraba luchando contra el tiempo. Corriendo de aquí a allá, ignorando que las horas pasan de manera implacable hasta convertirse en terribles días que, cuando menos lo pensamos, se convierten en meses y años que nos alejan de esté presente que se termina volviendo un pasado remoto. Así llegue hasta este 24 de junio, un día realmente especial para mí. No lo digo por celebrarse el día de nuestro "glorioso" ejército nacional, mucho menos por tener un día libre lejos de las presiones de la universidad, lo digo porque hoy cumpleaños una persona muy importante para mí: Ernesto Sabato.

¿Quién demonios es Ernesto Sabato?, muchos que me conocen ya sabrán por donde vengo, otros podrían deducirlo, de igual forma pienso hablarles de este famoso escritor al cual considero mi maestro. No podría empezar a hablarles de él sin antes hacer un pequeño review de su vida, claro está. Nació en Rojas, una provincia de Buenos Aires, un 24 de junio de 1911; hizo un doctorado en física y trabajo por muchos años en el laboratorio Curie, en París y en 1945 abandonó la ciencia para dedicarse en cuerpo y alma a la literatura. ¿Por qué admiro tanto a alguien que deja su trabajo como físico nuclear en un laboratorio prestigioso, casi como la NASA, por escribir?, la respuesta es sencilla: lo admiro por ser valiente. Y no lo admiro sólo por su valentía de entregarse a su pasión, también lo admiro por su excelente obra como escritor y ser humano.

Sabato no es un simple escritor, es un hombre preocupado por el caos que enfrentamos en nuestro tiempo. No es un García Marquéz que transmite imágenes "bonitas", mucho menos un Dan Brown que busca vender sus libros, Sabato es un humano preocupado por el destino de la humanidad, es un escritor que explora las regiones más oscuras de los seres humanos y que, mostrándonos el mundo en su máxima crueldad, nos enseña que siempre hay una esperanza. Con sus distintas novelas y ensayos, busca tocar la conciencia humana y hacerla despertar, trata de abrirnos los ojos para que veamos el caos en que vivimos.

Archiconocido por su primera novela, El túnel, Sabato ha ganado decenas de premios en su trayectoria como escritor. A sus 94 años -si, está cumpliendo 94 años-, tiene una obra conformada por distintos ensayos y novelas -las mejores que he leído en mi vida, tengo que agregar-. Sé que Sabato nunca leerá este pequeño homenaje que hoy le rindo, también estoy conciente que estas líneas no serán publicadas en ningún diario o medio de difusión masivo, aún así no me importa porque esto es sólo un acto simbólico. Pero... ¿qué son los homenajes después de todo?, son un simple acto simbólico, al igual que todo en nuestra vida: desde lo material como el dinero, siguiendo a lo superficial como un estatus social y llegando a lo más sublime como una caricia; todo lo que los seres humanos hacemos es netamente simbólico. Por eso le escribo a Sabato en su idioma: el idioma de los símbolos.

Sólo espero que las 2 o 3 personas que lean este post se tomen la modestia de leer algún ensayo o novela de él. Comiencen por El túnel, verán como se enganchan con Sabato; sigan con Sobre héroes y tumbas y ya no podrán soltarlo. Vale la pena conocer las ideas de un hombre como él, sus novelas no son sobre personajes irreales: son sobre nosotros mismos, sobre nuestros miedo y obsesiones que se ven reflejados en un Castel atormentado que mata a su amante o en un Martín enamorado que vaga por una ciudad buscando los recuerdos de su amor. Sabato, al escribir sus novelas y ensayos, puso su granito de arena para salvar a la humanidad de la destrucción, todavía a sus 94 años tiene planeado sacar 2 ensayos más sobre nuestra situación actual... y tú ¿qué has hecho por nuestro mundo?

"Hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse"
Ernesto Sabato

domingo, junio 19, 2005

Reflexión de la semana: 19/6/2005

Ya que he vuelto al blog "legalmente" quisiera poner cierto "orden" acá. Sólo podré postear una vez a la semana -haciendo un esfuerzo sobre natural, tengo que admitirlo- pero, de igual forma, pienso postear todos los fines de semana un pensamiento o reflexión de algún libro que esté leyendo. De esta manera mantendré el lugar un poco activo y, además, podré llegar a mi meta: al menos 2 post semanales...

Sin más preámbulos los dejo con la nueva sección -un poco trillada, lo admito- de "Reflexión de la semana"... Esta semana le tocó a Jose Saramgo con su Ensayo sobre la ceguera, libro que terminé de leer hace poco y del cual quisiera compartir con ustedes varios fragmentos.

"… si antes de cada acción pudiésemos prever todas sus consecuencias, nos pusiésemos a pensar en ellas seriamente, primero en las consecuencias inmediatas, después, las probables, más tarde las posibles, luego las imaginables, no llegaríamos si quiera a movernos de donde el primer pensamiento nos hubiera hecho detenernos.”
José Saramago, Ensayo sobre la ceguera

miércoles, junio 15, 2005

Luchando contra el tiempo...

Una vez más he vuelto a éste, mi pequeño refugio. Decenas de obligaciones, para variar, me han distanciado de acá. No intento justificarme ante ustedes, mis queridos lectores, sólo trato de excusarme conmigo mismo de alguna forma. Aún asi, he vuelto. Los mismos fantasmas que me mueven todo el tiempo e impulsan mis acciones me traen una vez más hasta aquí...

Hace poco terminé de leer Abaddón el exterminador, la tercera novela de Ernesto Sabato, sin duda alguna, mi maestro y guía. Esta novela me hizo reflexionar sobre cientos de cuestiones, pero sobre todo una variable contra la cual todos luchamos: el tiempo. Toda la vida he tenido una obsesión por el tiempo, siempre he sentido que cada día el tiempo me rinde menos y que poco a poco me voy perdiendo en él. Y así avanzan los días, las semanas y los meses y, cuando veo hacia atrás, me doy cuenta de todo el tiempo que he desperdiciado en cientos de acciones inútiles y ajenas a las que en realidad quería hacer.

El tiempo me transformó muchas veces en un ser abúlico y pensativo como Bruno -personaje de Sobre héroes y tumbas y Abaddón el exterminador-, en una persona de "por ahora" que con el inexorable pasar de las agujas del reloj termina convirtiéndose en nadie. No quiero, ni pretendo, que se me pase la vida entre líneas y fragmentos de relatos inconexos a simple vista; lo único que quiero es escribir. Así sea en vano, sean tonterías o banalidades tengo que seguir escribiendo, intentando desesperadamente no ser destruido por el tiempo, luchando contra él con lo único que siempre he tenido: mis letras.

Este post, más que una reflexión, es un grito en dirección a ustedes. No malgasten su tiempo, no lo desperdicien, no se lo den a nadie que no lo merezca, pero, sobre todas las cosas, no lo ignoren. Allí, en la ignorancia -¿perpetua?- de los seres humanos radica el verdadero poder del tiempo; ese veneno que lentamente corre por nuestras venas, que poco a poco nos embriaga y cuando menos lo esperamos: ya se nos pasó la vida, ya el tiempo obró y no hay marcha atrás. Pónganle pasión a sus vidas, a todo lo que hacen: sólo así se puede combatir al terrible verdugo del tiempo. Una hora con un ser amado se convierte en un minuto de nuestro tiempo; de igual forma, una minuto de dolor se convierte en una hora de nuestro tiempo; esto nos demuestra que el tiempo -como unidad intocable, ineluctable- no existe; al igual que la realidad, es un factor que está sujeto a nuestra percepción. Sometan al tiempo con sus pasiones, jueguen con él, engáñenlo, pero nunca le den el control de sus vidas.

"El tiempo del que disponemos a diario es flexible, las pasiones que sentimos lo dilatan"
Anónimo

martes, abril 05, 2005

Sobre la traición...

Aunque ya comencé clases, sigo corto de inspiración. En estos días he tenido muchos temas interesantes para desarrollar acá pero todavía me falta un poco de chispa. Ese estímulo que muchas veces me levanta a medianoche a escribir; un pequeño espasmo que más temprano que tarde tendrá que aparecer... Mientras tanto, les dejo otro fragmento de la excelente novela que estoy leyendo... espero que les guste y los deje pensando como a mí...

"¿Sabes cuál es la verdadera naturaleza de la traición? Que es traidora, que traiciona incluso a aquel que traiciona, y no tiene confines, como la sombra sobre el paisaje, empiezas por traicionar un amor, o un leve cariño, quiero decir, una cosa de nada, un gato por ejemplo, y acabas por llegar a ti mismo, pero tú no sabías que acabarías por llegar a ti mismo, pues entonces no hubieras dado el primer paso, y en cambio ese paso precisamente, una cosita de nada, que tan insignificante te parecía, se ha convertido en una catástrofe, en un aluvión, la riada te arrastra, tú braceas, braceas, no se puede nadar en la riada... ¿Me comprendes?"
Tristano muere, Antonio Tabucchi

viernes, abril 01, 2005

El significado de la vida

En estos últimos días no he tenido mucha inspiración. Para ser sincero no he tengo ganas de escribir así que en vez de dejarles una de mis reflexiones locas, prefiero traerles un pequeño fragmento de una excelente novela que estoy leyendo. De igual forma de seguro este pedacito los dejará pensando, mientras, yo dibujo mis garabatos...

"La vida no está en orden alfabético como creéis vosotros. Se muestra... un poco aquí y un poco allí, como mejor le parece, son migajas, el problema es recogerlas después, es un montoncito de arena, ¿y cuál es el granito que sostiene al otro? A veces, ese que está en la punta y que parece sostenido por todo el montoncito es presisamente el que mantiende unidos a todos lo demás, porque ese granito no obedece las leyes de la física, quitas el granito que creías que no sostenía nada y todo se derrumba, la arena se desliza, se aplana, y no te queda más remedio que hacer garabatos con el dedo, idas y venidas, senderos que no llevan a ninguna parte, y dale que te pego, estás allí trazando idas y venidas, pero donde estará ese bendito grano de arena que lo mantenía todo unido... y luego, un día, el dedo se detiene por sí mismo, ya está harto de hacer garabatos, en la arena hay un trazado extraño, un dibujo sin lógica y sin orden, y te entra una sospecha, que el sentido de todo aquello eran los garabatos"
Tristano muere, Antonio Tabucchi

sábado, marzo 26, 2005

Cuando se quiere llorar...

El peor dolor que puede llegar a sentir un ser humano es aquel que va más allá del cuerpo físico. Es ése que toca, mejor dicho, destroza el corazón. Un dolor agudo, inevitable, uno que nos carcome el alma y nos paraliza. Llega un punto en el cual el sufrimiento nos ahoga, sentimos ansiedad, una terrible presión en el pecho, los latidos del corazón se aceleran: algo necesita salir a flote. ¿Qué pasa cuando ese algo no puede salir? Cuando nos duele tanto el alma que no podemos, por más que queramos, llorar o gritar. No existe algo peor, algo que desespere más que no poder desahogarse con el llanto.

Sólo la impotencia de no poder llorar se equipara con este sufrimiento. Y así, entre una lanza que destroza el corazón y la imposibilidad de llorar, o mostrar algún gesto de dolor, nos hundimos. Nos perdemos en una extraña sensación que, paradójicamente, nos impide sentir algo. Se nos es negada experimentar esa catarsis natural, ese “escape” que posee el ser humano. Es como si algo dentro de nosotros se pudriera, algo que nos mata lentamente y que nada de lo que hagamos puede salvarnos o acelerar dicho proceso. Es terrible no poder hacer nada… más doloroso aún, estar condenado a escupir estas líneas sin sentido que, al igual que todo, el tiempo se tragará…

lunes, marzo 21, 2005

La realidad: ¿Verdad o mentira?

Todos los seres humanos -querámoslo o no- hemos mentido en algún punto de nuestra vida. Ya sea diciendo alguna mentira "blanca" -como solían llamarse las mentirillas que uno decía en la infancia- o creando una enorme ficción que termina apoderándose de nuestra realidad; de forma premeditada o por accidentes, siempre tendemos a "omitir" la, dicho sea de paso, mal llamada verdad. El gremio de personas denominadas como "moralistas" ven el mentir como algo abominable. Otros -catalogados por el gremio anterior como "cínicos"-, ven la mentira como algo natural y casi cotidiano al igual que ir al baño, comer, hablar por teléfono, entre otras cosas.

Lo cierto es que, viéndolo desde cualquier punto de vista, la mentira es algo malo según todos. En la Biblia aparece como un pecado y hasta la ley -de cualquier país- castiga al que miente. La gente la ve con desprecio y es la antítesis de aquello que compone todas las relaciones humanas: la confianza. Pero... ¿Hasta qué punto podemos vivir sin mentir? Muchos, moralistas o no, podrían decir que nunca mienten, y justo allí, al hacer esa afirmación, esgrimirían la peor mentira de sus vidas. Por desgracia -o fortuna-, los mortales estamos condenados a expresarnos mediante la palabra; éste, nuestro mejor "vehículo" de expresión, es el primer culpable cuando queremos describir la realidad -otra palabra mal utilizada por todos-. Si lo analizamos bien, querámoslo o no, todos mentimos las 24 horas del día. Ahora, mientras escribo estas líneas y usted las lee, ambos estamos mintiendo de alguna forma al interpretar nuestro significado de cada palabra.

Los sentimientos, al igual que los seres humanos, son cambiantes. Un "te amo" que se pronuncia hoy no es remotamente similar al que se dice una semana después; el cariño inmenso que se le puede tener a un amigo, siempre, en algún punto, pasa por el odio y hasta la repulsión; allí está el problema, en esa manía enfermiza de los humanos por el absoluto. Las palabras, al igual que los números o cualquier otro invento, son absolutas; por eso, la mayoría de las veces, mentimos al usar términos absolutos para sentimientos que definitivamente no lo son. Nos hemos acostumbrado -mejor dicho, condicionado-, a vivir del absoluto, todo o nada, realidad o ficción.

¿Hasta que punto se puede ser sincero con alguien y, todavía más importante, con nuestro corazón? ¿Será posible amar a una persona sólo por un día, un instante o un beso? Son respuestas que nadie sabe pero que todos podríamos "sentir". Hay que dejar de mentirnos al pensar que todo es absoluto. El amor es puro y verdadero, pero, al igual que todos, cambia constantemente; pasa por momentos sublimes, carnales, triviales y hasta puede convertirse -así sea por segundos- en un terrible rechazo por el ser amado. Lo importante, al igual que todo en la vida, es no tener miedo a sentir. Sólo cuando sentimos experimentamos nuestra verdad. Cuando nuestro corazón palpita a mil por segundo, sentimos las llamadas "mariposas" y nos ponemos rojos es cuando ocurre, así sea por un instante, un "te amo" verdadero y absoluto. Puede que una palabra no contenga todo lo que uno sienta por una persona; pero un beso, una caricia o una mirada bastaran para ser realmente sinceros y plasmar la única verdad que existe: la del corazón.

"Porque todo cambia a casa instante que pasa, y lo que éramos hace un momento no lo somos más. ¿Somos, acaso, siempre la misma persona? ¿Tenemos, acaso, siempre los mismos sentimientos? Se puede querer a alguien y de pronto desestimarlo y hasta detestarlo. Y si cuando lo desestimamos cometemos el error de decírselo, eso es una verdad, pero una verdad momentánea, que no será más verdad dentro de una hora o al otro día, o en otras circunstancias. Y en cambio al ser a quien se la decimos creerá que ésa es la verdad, la verdad para siempre y desde siempre. Y se hundirá en la desesperación"
Sobre héroes y tumbas, Ernesto Sabato

sábado, marzo 19, 2005

Vivir... ¿Obligación o derecho?

¡Por fin! Después de casi 2 meses de ausencia, estoy de vuelta. Antes que nada, pido disculpas a mis lectores por no poder actualizar el blog en tanto tiempo. Entre la falta de tiempo e inspiración sumado al ajetreo de la universidad me olvidé casi por completo, de éste, mi pequeño rincón. En toda esta ausencia he tenido miles de ideas para cientos de posts; así que seguro no me perderé de nuevo, o al menos no por un buen rato. Sin más que decir, los dejo con una reflexión que empecé hace más de un mes...

El mes pasado, gracias a mi querida prima Alejandra, pude ver "Mar adentro" el último film de Alejandro Amenábar. La película trata el controversial tema de la eutanasia a través de la historia de Ramón Sampedro, un marinero que, después de darle la vuelta al mundo, quedó tetrapléjico en un accidente. Sampedro fue el primer gallego en pedir públicamente una "muerte asistida" y luchó hasta su último aliento de vida por ello. Haciendo a un lado la excelente fotografía, la impecable dirección y la conmovedora banda sonora del largometraje; vale la pena ir a verla por la forma en que se aborda el tema de la vida y la muerte.

¿Hasta qué punto vale la pena vivir? Para muchos moralistas y optimistas "siempre hay que luchar por la vida" pero... ¿Qué clase de vida puede tener una persona conectada a decenas de aparatos y que nunca volverá a moverse? Y qué pasaría si esa persona fuese un famoso deportista que dedicó su vida entera a jugar; un ser humano que descubrió ese sentimiento de estar realmente vivo detrás de una pelota en un campo de fútbol. ¿No sería quitarle la vida el dejarlo "vivo"? Muchos sostienen que el suicidio es para cobardes, que es una solución temporal para un problema permanente, pero si una persona pierde por completo el sentido de su vida ¿Es justo obligarlo a vivir?

Ningún familiar, iglesia, país o ley en este mundo debería obligar a alguien a vivir, sobre todo ignorando el significado de la vida para esa persona. Desde que nacemos, lo primero que obtenemos es aquello que en la biblia llaman "libre albedrío". Esta especie de "propiedad" sobre nuestra vida es lo único que siempre se tiene y es absurdo que se nos quite cuando queramos ejercer el "derecho" de hacer con nuestra vida lo que sea. Es egoísta que muchas familias prefieran ver a un ser querido encerrado en un cuerpo incapaz de moverse o expresarse, conectado a decenas de aparatos, sólo por el hecho de "tenerlo allí". Es injusto que no se acepte la eutanasia en muchos países; todavía más inaudito que se le niegue una muerte digna a un tetrapléjico y que este tenga que disponer de su vida a oscuras, como si fuese un criminal.

Cuando nacemos, nadie nos pregunta si queremos venir aquí. Prácticamente somos arrastrados a este mundo lleno de dolor y sufrimiento sin nuestro consentimiento. Es absurdo que, cuando queramos salir de este caos, se nos pongan cientos de trabas y cuestionamientos sin sentido. Después de todo, ¿qué crimen es más abominable?: obligar a alguien a vivir una vida sin sentido o el concederle una muerte con dignidad.

jueves, febrero 10, 2005

El fin del mundo

Mi abuelita, siempre que escucha algun titular sórdido en las noticias, acostumbra decir: "Esto es fin de mundo". Puede que suene algo exagerado, pero... ¿Hasta qué punto es cierta dicha afirmación? Sin ánimos de ser fatalista, a veces siento que mi abuela no se equivoca. Pareciera que el mundo se acercara a su fin. Haciendo a un lado los terribles fenómenos naturales -cada día más comunes- que azotan nuestro planeta, hay motivos para pensar que la raza humana va camino al borde de su extinción. Un final creado por los mismos humanos. Una conclusión sellada con su propia estupidez...

Sin darnos cuenta, nos hemos acostumbrado a actos cada vez más terribles. Vemos a diario decenas de titulares sobre asesinatos, secuestros, guerras, atentados, pestes, desastres naturales y, al parecer, ya nada nos asombra. "Un padre viola a su pequeña hija y la mata", "Unos criminales decapitan a un señor después de robarlo", "Un camión explotó matando a cientos de personas"; son eventos nefastos que se han transformado en nuestro día a día. La televisión, los crímenes, las películas o quién sabe qué nos han insensibilizado. Nos hemos acostumbrado a vivir en guerra, a escuchar a diario miles de bajas y a seguir adelante... como si nada sucediera. Tal vez la indiferencia sea una de las tantas culpables de la decadencia de los seres humanos, aunque, en mi modesta opinión, la verdadera culpable sea la actitud de la gente.

Esa actitud de "nada me importa", el egoísmo acentuado y una especie de repulsión hacia el prójimo han minado los cimientos de la raza humana. Los únicos culpables somos nosotros mismos. Todos hemos permitido, de alguna forma, el haber llegado hasta este punto. Lo hemos aceptado con nuestro silencio frente a las atrocidades que se cometen a diario, con el egoísmo de sólo pensar en nuestros asuntos, pisando o dejando a un lado a los demás. En un mundo, donde nos acondicionan para ser cada día más fríos, más competitivos e insensibles, las cosas no podrían ir peor si nadie toma conciencia.

Cada día algo nos golpea más duro: tormentas por un lado, guerras por el otro, atentados por doquier, asesinatos brutales en cualquier sitio. Todo se vuelve al final un grito, un llamado para que nos demos cuenta. El ser humano no puede seguir viviendo así, no puede acostumbrarse a temer del prójimo, a vivir con miedo del hombre y de la naturaleza. Si bien nadie puede detener un huracán, un atentado o algún desastre, también es cierto que algo se puede y se debe hacer al respecto. No me refiero a sentir lastima. Tampoco a donar una ínfima suma de dinero para los "afectados". Me refiero a hacer algo realmente útil: educar. Comenzando por nosotros mismos, siguiendo por nuestros conocidos y familiares. Abrir los ojos y ver la realidad. Darnos cuenta que éste caos está en nuestras manos. Está en nosotros detenerlo.

El poder está en manos de pocos, es cierto, pero no olvidemos que esos pocos lo tienen gracias a nosotros. No olvidemos que los verdaderos cambios vienen de adentro. Que la familia es la célula de la sociedad y que la persona más pequeña puede cambiar el curso del universo. No se queden con las manos cruzadas, hagan algo. El mundo nos pertenece a cada uno de nosotros y si nosotros no lo salvamos, nadie lo hará.

sábado, febrero 05, 2005

¿Qué tan fácil es perderse?

En estas últimas semanas, en las que no he escrito nada de mi historia, me he dado cuenta que es muy fácil salirse del camino por un tiempo. Así se ame una carrera, una profesión o lo que se haga, siempre hay un punto en el cual se pierde el hilo de lo que se hacia. Estos "desvios" por lo general se deben a circunstancias inevitables: trabajo, los estudios, los amigos o simplemente, falta de inspiración; siendo ésta última la más "traumática".

La inspiración, nuestra musa que va y viene sin que nadie la detenga, aunque a veces lo parezca, no siempre dicta el avance de nuestro trabajo. Jorge Luis Borges -uno de mis escritores favoritos- dijo que cuando se escribe sólo se necesita un 1% de inspiración y un 99% de técnica. Una frase inversamente proporcional a mi trabajo actual pero muy cierta. No siempre se necesita una "iluminación divina" para escribir -diseñar, trabajar, o lo que se haga-, muchas veces sólo se necesita sentarse en la mesa e "intentar" trabajar. Puede que suene a "forzar" las ideas, pero muchas veces la inspiración esta allí esperando que vayamos por ella.

El maestro Kafka, una vez dijo: "El camino verdadero pasa por una cuerda, que no esta extendida en lo alto sino sobre el suelo. Parece preparada más para hacer tropezar que para que se siga su rumbo". Uno de los pensamientos más acertados sobre la vida que he leído. Así se tengan muchas puertas abiertas, una vida perfecta y un camino lleno de éxitos, siempre habrá algo que nos quiera alejar del mismo. Esa fuerza que nos aleja del camino siempre será nuestro enemigo número uno para todo. ¿Cómo se combate? Tan fácil como ocupándose. Pasando horas frente una mesa buscando alguna idea, dando una vuelta para despejarse, haciendo cualquier cosa menos rendirse. Las ganas, la inspiración están allí, esperando ser descubiertas; está en nosotros el tener el valor y la voluntad de conseguirlas. Después de todo, el enemigo por excelencia del hombre es él mismo. La pelea más difícil es la que uno libra consigo mismo, una lucha necesaria si se quiere avanzar y que sólo unos pocos valientes logran ganar.