lunes, agosto 16, 2010

Un poco de Proust

... Desde hace un par de años, me he dedicado a la difusión de la "palabra" de Proust. Tal como un creyente en perpetuo peregrinaje, siempre recomiendo la lectura de En busca del tiempo perdido como algo "justo y necesario", aunque entiendo lo difícil y absorbente que puede llegar a ser. A pesar de esto, como el eterno enamorado de las causas perdidas que siempre he sido, no dejo de promocionar entre mis amigos, lectores y alumnos la obra de Proust. Desde que terminé de leer hace 2 años los 7 tomos de En busca del tiempo perdido, cada año vuelvo a desandar el camino de nuestro querido Marcel y leo otro libro de él (gracias a Dios, escribió muchísimo y existen otras joyas en su bibliografía que contienen su esencia sin ser tan "pesadas" como su obra maestra). En la actualidad me encuentro leyendo el primer libro que publicó: Los placeres y los días. Una recopilación de pequeñas historias, poemas en prosa, aforismos, reflexiones y demás: como una versión pocket donde se concentra su pensamiento. Hace poco leí un pequeño relato que no podía dejar de compartir con ustedes... a ver si logro que alguien se fleche con Proust y salga a leerlo.



LAS AMANTES DE FABRICIO

Marcel Proust


La amante de Fabricio era inteligente y hermosa; no podía él consolarse de ello. “No debiera comprenderse, exclamaba gimiendo; su inteligencia me estropea su belleza; ¿me enamoraría de la Gioconda, cada vez que la miro, si al mismo tiempo oyese la disertación de un crítico exquisito?” La dejó y tomó otra querida que era hermosa y desprovista de ingenio. Pero le impedía continuamente gozar de su encanto por una implacable falta de tacto. Luego pretendió ser inteligente, leyó mucho, se hizo pedante y resultó tan intelectual como la primera, con menos soltura y ridículas torpezas. Le rogó que conservara silencio: aun cuando no hablaba, su belleza reflejaba su estupidez con crueldad. Por fin, trabó relaciones con una mujer en la que su inteligencia no se revelaba más que por una gracia sutil, que se conformaba con vivir y no disipaba en conversaciones demasiado precisas el misterio encantador de su naturaleza. Era dulce como los animales graciosos y ágiles, de ojos profundos y turbaba, como el recuerdo punzante y vago de nuestros sueños por la mañana. Pero no se tomó el trabajo de hacer por él lo que hicieran las otras: amarlo.

3 comentarios:

J. L. Maldonado dijo...

Buena esa Bond... Yo voy un poco más allá de la mitad del tercer tomo. Paré la lectura porque ando en un compromiso de corrector de estilo para una novela a editar en cuanto yo termine. Esto sin duda me robó tiempo de lectura, pero mejora las finanzas, jaja.
Ya retomaré a Proust....

Akanesita! dijo...

Pues, algo asi como este sentimiento a Don Quijote, Tengo a Proust como algo que debo y quiero leer y haré cuando me sienta suficientemente preparada para hacerlo. Y esto no implica que no admire su grandeza, si no que, justamente por su grandeza es que considero que yo necesito mas preparación =D

Saludos!

Angie. A. dijo...

^^ ¡Qué fino que actualizaste el blog!

Qué hermosoooo eso que publicaste... pero, ¡qué rudoooo! -.-
Un abrazote.